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En defensa del maestro de la juventud de América.

 


«Yo he detestado siempre los juegos. Veo en ellos la más tonta manera de usar el más precioso tesoro de cada existencia, su tiempo, limitado, contado y que, por lo mismo, es necesario exprimir, aprovechar, gozar, en último caso sufrir, pero nunca, jamás, desperdiciar». -José Vasconcelos.

Habiendo crecido en el porfiriato, se benefició del orden que daba el mismo y tuvo la suerte de tener una educación bilingüe, lo que le permitió destacar posteriormente entre sus colegas que sólo dominaban un idioma, el español.

Por circunstancias económicas, creció nómada, lo que le llevó a conocer perfectamente el país que tanto le debe. Como los grandes pensadores de la historia, conoció también las partes más bajas de la condición humana («el genio baja a las profundidades del abismo, echarse a la perdición era un heroísmo») y sobrevivió a ellas con su visión de arreglar el país intacta.

En su paso por la escuela de leyes sin pena ni gloria fue un desconocido, en su trabajo inmediato, también. Pero junto con Pedro Henríquez Ureña y Antonio Caso fundó el Ateneo de la Juventud, donde se proponían encontrar argumentos para desmontar la filosofía positivista, impuesta desde la dictadura. Esa fue la única vez en la historia del país en que se reunió un grupo de intelectuales decididos a incidir en el futuro del mismo.

Convocado por Madero para poner fin a la dictadura, ayudó en gran medida a la causa antirreeleccionista fundando clubes de su partido en distintas ciudades durante sus viajes por todo el país. Cuando Madero fue preso él escapó por poco y se refugió en Estados Unidos, llevando la campaña de propaganda de la revolución hasta aquel país y logrando que se siguieran traficando armas en apoyo de los rebeldes.

Amigo íntimo de Madero, no quiso ningún cargo en el gobierno al triunfo de este porque ganaba más como abogado y nunca quiso enriquecerse del gobierno, como hicieron todos después de él. 

Durante el gobierno de Madero fue un abogado muy exitoso porque era conocido su protagonismo en la revolución de 1910, aunque nunca requirió favores del gobierno, sin embargo, el gobierno sí requirió favores suyos. Presente siempre que había dificultades en el mismo, se dedicó a sofocar toda la propaganda de los antiguos porfiristas y los revolucionarios que fueron a la guerra por un botín, siendo a veces un prócer y a veces el enemigo público, siempre estuvo un paso antes que sus enemigos, escapando tres veces de la policía que iba a arrestarlo, que nunca tuvieron motivos suficientes para fusilarlo (aunque ganas nunca les faltaron). Escapando de prisión de manera heroica usando unas sábanas cuando lo encarceló Victoriano Huerta. Ministro en el gobierno provisional de Carranza por unos días, posteriormente por un periodo más largo durante la presidencia de Eulalio Gutierrez, sosteniendo el gobierno cuando hacía falta. Posteriormente con Obregón, la creación de la SEP, único mérito que sus enemigos no han logrado borrar de los libros de historia.

Su nombre se proscribió de los libros de texto gratuitos y el único mérito que se le reconoce es haber creado la SEP, sin embargo, él creó todo lo demás también. Fue un revolucionario letrado, que nunca tuvo que estar frente a un arma porque él peleaba con ideas, creó el lema de la revolución, descubrió a la mayoría de los grandes hombres del siglo XX mejicano (Samuel Ramos, Jaime Torres Bodet, Alfonso Reyes, Isidro Fabela, Ignacio Chávez, etc), el lema de la UNAM, estableció la autonomía universitaria, él contrató a Diego Rivera para el trabajo que lo consagró como muralista, inició la alfabetización de todos en un tiempo que aprendía a leer el que podía pagarlo, alfabetizó a las mujeres, cuando se creía que ellas no podían aprender.

Es bastante curioso que Octavio Paz escribió «El laberinto de la soledad» inspirado en «El perfil del hombre y la cultura en México» de Samuel Ramos, que a su vez, se inspiró en las obras de Vasconcelos; pero si le preguntas a cualquiera, todos dicen que la obra de Paz es mucho más influyente que la de Vasconcelos, por la misma negación de los orígenes consecuencia de la revolución donde un montón de bastardos se impusieron como gobernantes obligando a los demás a olvidar a sus antepasados.

Hombre idealista y apasionado, vivió al filo del peligro toda la vida, desafiando al poderoso. Venció al PRI en las elecciones de 1929 y después de un fraude descarado, le declaró la guerra al gobierno mejicano por lo que después de que nadie lo apoyara a iniciar una nueva guerra, tuvo que salir del país, para viajar por el mundo viviendo de escribir columnas y dictar conferencias en las universidades de los países de primer mundo. Él -al contrario que el que despacha ahora en el FCE promocionando sus libros, porque sólo ahí se venden- quería que todos leyeran a Homero, a los clásicos, sin pedir que lo leyeran a él.

Un visionario, vislumbró los errores del capitalismo cuando apenas empezaban y la imposibilidad del comunismo antes de que en otros países hicieran experimentos macabros matando de hambre a la gente para probarlo.

José Vasconcelos es presentado por la historia oficial como un hombre que apareció de la nada, diez años después de haber estado con Alfonso Reyes en el Ateneo, para fundar la SEP, con una idea bien delimitada y que después de haberlo hecho, se exilió del país voluntariamente, y enloqueció apoyando a regímenes tiránicos.

Pero la realidad es que, aunque fue muy querido por la generación de 1915 (los siete sabios) posteriormente fue menospreciado por los intelectuales, casi todos al servicio del régimen enemigo de Vasconcelos. Principalmente porque mientras él democratizó la cultura («voy a repartir cien mil Homeros, en las escuelas primarias y en las bibliotecas») y puso a los hombres de letras a trabajar por el país, estos nuevos intelectuales la alejan del hombre común inventando palabras técnicas para que no puedan entenderlos y pretenden que el país trabaje para ellos y así completar obras que según el propio criterio de cada literato, cambiarán el mundo. Ven al oaxaqueño como un novelista más (por supuesto que los sobrepasa en ese ámbito) porque no creen que un solo hombre haya sido capaz de ser un romántico, un filósofo y un hombre de acción; dedican biografías a desmentir lo que él dice en su autobiografía, y no leen sus obras filosóficas porque en su mentalidad de colonizados, la única filosofía valida es la escrita por europeos deprimidos, no por hombres que aprovechan al máximo cada minuto de la vida.  

Aunque personalmente estoy en contra de los días feriados, estoy convencido de que hizo más por el país este hombre que el que intentó vender la mitad de este (sin éxito) sólo para ver morir a sus enemigos de manera violenta (hablo de Juárez). Y propongo que si vamos a descansar un día al año, mejor que sea en memoria de don José María Albino Vasconcelos Calderón, el revolucionario filósofo, el maestro de la juventud de América.

 

 

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