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La devastación del campo mejicano.

 


En el sexenio del Licenciado Andrés Manuel López Obrador hubo muchos programas sociales para regalar dinero, porque él veía a los pobres como «animalitos indefensos» (conferencia mañanera del 29.03.2019) pero estaban indefensos porque el gobierno local (llamaremos gobierno local al crimen organizado ya que operan juntos y con el mismo objetivo) decidió cobrar impuestos a los pocos campesinos que quedaban para trabajar.

Se implementó un modelo muy sencillo para esto, similar al del IVA o al del IEPS. Coincidiendo con los mayores números en la industria ganadera de pequeños propietarios ya que el precio había aumentado considerablemente debido a sequías en otras áreas, se impuso al principio un impuesto de $3 por kilo de ganado vivo que se vendía (una vaca adulta pesa entre 350 y 600 kg, un toro 450-800, aproximadamente), posteriormente y viendo que funcionaba de maravilla y nadie se quejaba, hicieron algo más audaz: regresaron a los precios de años atrás y lo congelaron ahí (actualmente por cada kilo son entre $14 y $17 que retienen; esto es, entre seis y siete mil por animal promedio de 400 kg).

Uno pensaría que no habría mayor afectación que menores ganancias para los productores, pero con la inflación (mayor al resto del país, por los impuestos agregados por el gobierno local) y como era un impuesto que se calculó sin tener idea de la rentabilidad a largo plazo (sin tener idea de la curva de Laffer, que explica que a mayor tipo impositivo lo recaudado disminuye) se redujeron las ganancias hasta casi cero, si se cobra el tiempo invertido en el cuidado del ganado, sería menor a cero, inclusive.

Él control de precios es una de las prácticas populistas históricamente más usadas por los políticos de izquierda para mantener una popularidad artificial: práctica que destrozó la economía mejicana en los ochenta, la argentina a principio de siglo, entre otros, pero es más desastrosa si se aplica sólo al alza en la venta y nunca a la baja. Como este año hubo muy buena cosecha, el precio está por los suelos y como ya nadie necesita alimentar más a su ganado en la temporada de secas, no tienen que comprarlo, puede valer la mitad que el año pasado y ahí nadie mete las manos, ni siquiera lo compran para especular.

Por lo que en cuanto tuvieron la oportunidad, los ganaderos acabaron con su ganado lo redujeron a la cantidad mínima que podían vigilar en su propiedad sin esfuerzo y sin requerir comprar comida extra, cuando los ahora desempleados trataban de escapar del país para vivir el sueño americano, se les impuso un rescate (?) de 3 000 dólares por el derecho a dejar de ser esclavos. Con ayuda de familiares residentes en el extranjero se cubrió esa cuota y hoy en día no queda casi nadie que trabaje ni produzca, excepto ricos terratenientes que producen poco por deporte, aunque les genere pérdidas que no les afectan mucho.

Ahora bien, llegados a este punto, el gobierno no puede seguir sangrando a los pobladores porque ya no queda nada que quitarles, pero rebeliones como la de Texcaltitlán, estado de México no se verán de nuevo, porque es bien sabido que el crimen organizado da órdenes a las gobernadoras de estos estados que formaban el «México Profundo» y por lo mismo puede hablarse de él como el gobierno, ya que recauda más impuestos que este, además de lo que se les cobra a todos los presidentes municipales por dejarlos tener ese cargo simbólico, lo que ha provocado que en los últimos dos trienios no se haga ninguna obra pública y el presupuesto municipal desaparece sin que nadie indague a dónde va.

Coincidente con esto, tenemos la «Operación Enjambre» presentada por las autoridades como la mayor afectación al crimen organizado en años, pero lleva a preguntarnos por qué en vez de atacar directamente al grupo que todos conocen y que en cada feria municipal de la región se hace presente, entrega a sus propios servidores públicos, que si bien, también fueron corruptos, es altamente probable que no tuvieran la opción de rechazar formar parte de ella.

Ya que no hay quién trabaje la tierra, algunos nuevos ricos (familiares de narcotraficantes-extorsionadores que no son buscados por la DEA) que no tienen manera de demostrar sus ingresos están comprando grandes extensiones de terreno y haciendo casas suntuosas en medio de la nada. Se supone que se dedicarán al ganado, pero como no saben trabajar, van a volver a la época de las haciendas, obligando a los transgresores a sus leyes a trabajos forzados (lo que ya hace años que realizan en total impunidad, porque como se mencionó al principio, ellos son el gobierno).

Salvar al campo en este momento es inclusive más difícil que al principio del sexenio: se requiere eliminar estos impuestos y ofrecer comodidad y mayor seguridad que la que tienen todos los migrantes en Estados Unidos. Lo que sea que den por dádivas electorales no alcanza para vivir mínimamente bien y como no hay acceso a la salud, todos están expuestos a morir por cualquier emergencia médica fácilmente tratable. La parte más compleja de esto, es que nadie lo ha identificado aún como un problema y aún no han caído presos los políticos, que amenazan con cambiarse a morena para ser libres de delinquir a sus anchas como lo han venido haciendo. 

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